Si el año pasado fuimos a Formentera, este año con los peques iremos a Mallorca, a la Bahía de Pollença. Nos gusta esa bahía, es muy grande, ideal para pasar una semana con los niños, con un montón de calitas en las que pernoctar fondeados y donde Daniel puede jugar hasta hartarse en la playa o cazando erizos y cangrejos.
Hacía tiempo que no veíamos a Ramón, siempre está de viaje, lleva miles de millas ya a la espalda y teníamos ganas de charlar con él. El viernes llegó de su última travesía a Menorca así que aprovechamos el domingo para quedar con él y de paso para que Daniel entrara en situación. El sabe que iremos de vacaciones en un velero, pero de saberlo a que le guste.... queríamos ver cómo se comportaba en un barco, si le daba miedo o no...
Nada más lejos de la realidad, Daniel ha disfrutado muchísimo de su mini-travesía. Enseguida se hizo al barco, empezó a moverse como un gato (yo sufría en algunos momentos pensando que acabaría en el agua)... preguntaba muchas cosas... ¿ese es el mastil? ¿la botavara? ¿cuando sacamos las velas papa? ¿puedo "conducir" yo el barco? ¡¡¡todo a estribooooooooorrrrr!!! Gritaba jajaja
Juli rescató su vena marinera y aprovechó para enseñar al peque algunas cosas de navegación a vela, muuy sencillo evidentemente, pero yo lo pasé en grande viéndolos a los dos juntitos.
Con dos maestros como estos... mi hijo saldrá marinero seguro.

















